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Prehistoria

EDAD DE LOS METALES

47-fosiles-picLa Edad de los Metales supone un avance decisivo en el desarrollo cultural de la especie humana. Al fuego se le encomienda otra utilidad: transformar la materia inanimada con la fundición de metales.

En el yacimiento de Los Arreñales (Ver foto 1) José María Pérez Carbajo halló fragmentos de la Edad de Cobre o Calcolítico como una punta de flecha cruciforme (foto 5 i) y un conjunto de escorias de fundición de cobre (foto 5 j). El uso de este metal seguramente incrementó el comercio entre indígenas; las nuevas técnicas metalúrgicas se difundieron; se fabricaron con este  material útiles agrícolas, armas y  objetos de adorno. Las viviendas solían ser circulares con techumbres de ramas y barro.
La Edad de Hierro comenzó en la Meseta hacia el año 700 a. C. y finalizó  con el inicio de la invasión romana en el año 218 a. C.; suponía una tecnología más compleja; tenían una cerámica propia. Su economía era agropecuaria pero seguían con la recolección de frutos silvestres y con la pesca. Parece que en el yacimiento arqueológico de Belvis-Casa Vieja (Ver foto 8) hay ciertos indicios pero sin confirmar documentalmente de la I Edad de Hierro Según mantiene José Luis Alonso Ponga “Historia antigua y medieval de la comarca de los Oteros” en el montículo sobre el que se construyó el palomar (foto 9) se encontraron grandes estratos de ceniza. Los vestigios de la II Edad de Hierro parecen mucho más claros.

mapa1-castros-picLa Edad de Hierro coincidió con sucesivas oleadas hacia la Península de pueblos mediterráneos (fenicios, griegos y cartagineses) y de culturas del norte de Europa (celtas), éstos nos trajeron la llamada cultura castreña que se extendió por el noroeste peninsular incluyendo las actuales provincias de León y Zamora. Situaban los poblados en colinas o puntos estratégicos elevados y fácilmente defendibles ubicados la mayoría de las veces en la terraza de la margen izquierda más próxima al Esla (Ver mapa 1).   

48-yacimiento-belvis-picEl castro era un recinto de forma oval o circular que encerraba en su interior varias chozas generalmente de tapial y techumbre de paja. La fragilidad de la construcción explica el que sus restos no hayan llegado hasta nosotros. El suelo del interior se igualaba con piedras menudas sobre las que se echaba arcilla apisonada; con grandes cantos se hacía el hueco para la lumbre.
Eran pueblos de economía agropecuaria que aprovechaban los valles o vegas fluviales pero seguían  con la recolección de frutos silvestres (bellotas) y con la pesca. Los varones apacentaban los rebaños y las tareas agrícolas eran desempeñadas por las mujeres. Fabricaron su propia cerámica y disponían de pocas armas.
Tenías sus dioses, cultos familiares y ritos relacionados con las manifestaciones de la naturaleza; no existen vestigios de cementerios tanto de inhumación como de cremación.
Era una sociedad poco vertebrada: había muchos castros pero de diminuto tamaño; varios formarían la tribu; el individuo quedaba desprotegido fuera del poblado propio; los ancianos estaban bien considerados dentro del grupo: eran portadores de la sabiduría ya que en una sociedad de tradición oral los más viejos eran quienes mejor transmitían las tradiciones.

mapa-2-picSu metalurgia del hierro estaba bastante avanzada; usaban ese metal para elaborar armas y herramientas de labranza. En el yacimiento de Belvís-Casa Vieja (foto 8) tuvimos un asentamiento de tipo celta según mantiene José Avelino Gutiérrez González en su obra “El páramo leonés. Entre la antigüedad y la Alta Edad Media”. (Ver mapa 2).

 

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