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3-barca-bajadero900x675La Construcción y reparación. La vida útil de la barca no era muy larga;como norma general se puede decir que a la hora de la construcción primaba la utilidad sobre la estética y no solo en la embarcación propiamente dicha sino en todos los elementos que la rodeaban. Las barcas de paso se solían construir en el mismo embarcadero; casi siempre se empleaba madera de pino, álamo, negrillo…; no se tiraba nada y lo viejo se reutilizaba en otra función, por ello en los presupuestos de construcción se descontaba el valor de las piezas de la barca vieja que se podían aprovechar; en el siglo XVIII la construcción de una barca rondaba los cuatro mil reales y era útil para unos cinco o seis años; al coste de la madera, clavazón, pez, sebo, estopas para el calafateado, barras…, había que añadir el salario del maestro carpintero y ayudantes. La labor del calafateado se realizaba impregnando la estopa de pez para ir rellenando con ella los huecos y juntas que quedaban entre las tablas del casco con el objeto de impermeabilizar la barcaza y evitar la entrada de agua; se reparaba y calafateaba todos los años. Para la construcción de una barca de paso nueva se necesitarían de unos 70 a 80 jornales; se gastaban varias arrobas de clavos.

La Capacidad y dimensiones. En una historia de más de mil años, con más de cien barcas de paso usadas en Villafer, debemos comprender que las hubo de diversos tamaños, en los distintos siglos, atendiendo siempre a su función e importancia estratégica; en este sentido hay que señalar que la de Villafer fue la más grande del Concejo de Benavente; solían medir de 14 a 15 m de largo y un poco más de 6 m de ancho; rondaba, pues, los 90 metros cuadrados de superficie; así nos lo aclara el periódico de León El Esla del 19 de enero de 1.860:

“Una barca en término de Villafer de los propios de Benavente que tiene derecho esclusivo (sic) para establecerla sobre el río Esla con 18 banzos de piso de 3 pies cada uno que constituyen 53 pies de latitud y 22 de ancho con capacidad para 16 caballerías y 3 carros sin vuelo; tiene 2 tornos de hierro, una maroma de cáñamo de 110 varas de largo, 2 remos, sus correspondientes amarras y un cobertizo y linda el perímetro que recorre y cuyo radio es de unos 900 metros por el P. y N. con prados de propiedad del pueblo; y al O. con el pueblo, en la actualidad produce 9.480 rs. y los peritos atendida la posición topográfica del río, el paso ordinario y demás circunstancias que deben tenerse presentes la han tasado en 6.000 rs. en renta habiendo sido capitalizada en 213.300 rs. y tasada en 130.000 rs. que es la cantidad que se saca a subasta”.

Los Usuarios. Las barcazas cumplían con un servicio público de primera necesidad: ayudaban a cruzar el río a personas (viajeros, segadores, labradores, comerciantes, militares, clérigos, nobles…), caballerías, carros, variedad de ganados, mercancías; en las riadas, cuando la travesía entrañaba más peligro, algunos barqueros cobraban algo más debido a la dificultad del paso; el personal representante de la justicia o personas de servicio oficial, tropa y servicio de correos tenían el paso libre en los lugares sujetos a peaje como eran las barcas, puentes y portazgos. Veamos dos ejemplos de paso en grupo, el primero de carácter religioso y el segundo laboral. Desde el siglo XVII la forma de celebrar el novenario de la Virgen de la Vega consistía en que la Virgen recorría los pueblos: se organizaba una procesión por la localidad que entregaba la Virgen en las lindes y otra por la que la recibía; la estatua debía de cruzar el Esla por nuestra barca para Campazas y Villafer y luego devolverla a la otra orilla del Esla, por el mismo medio; el último día del novenario se celebraba en el Santuario de Cimanes de la Vega; esta costumbre perduró hasta 1.924, año que se fijó la forma actual (desde 1.917 hasta 1924 la procesión pasaba ya por el puente). Otro paso en grupo ocurrió el 9 de mayo de 1.876: procedentes de Matilla de Arzón y con destino a combatir una plaga de langostas que asolaba La Mata, propiedad del Conde de Peña-Ramiro, embarcaron en Villafer un carro de mulas con jaulas de gallinas, gallos, pavas y pavos, unas 217 aves y siete miembros de la Comisión de Extinción de Langosta con sus respectivas caballerías; el 19 de mayo pasaron por la barca otras 157 aves de corral para reforzar a las de la primera expedición y finalmente 16 días de junio tomaban la barca de paso de 10 a 41 personas, hombres y mujeres, de la brigada de extinción para capturar a mano y con una sábana las langostas; el 2 de julio viaje de regreso de todas las aves a Matilla. Datos obtenidos de un artículo de Feliciano Martínez Redondo en el Nº 17 de la revista EL PUENTE.

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